Ahora, cuando se aproxima mi primer cuarto de siglo,

Ahora, cuando se aproxima

mi primer cuarto de siglo,

En compañía de mi mismo

y poniendo a las bombillas por testigos

Doy las gracias a mis padres

que me dieron la vida.

Al hombre que trajo la escalera

y me ayudo a bajar

de aquel árbol tan alto.

A los albañiles que me dejaron

amasar el mortero

con el que hicieron mi casa.

A los gorriones por hacer

su nido en los árboles

de mi calle.

A mis compañeros de instituto

que con su imaginación

dieron a la mía, una dimensión

que todavía no conozco.

A los guardias civiles

que me dieron la primera paliza,

dejaron mi cuerpo amoratado

y no me hicieron cantar,

Porque me demostraron

lo burros que son

y despertaron en mi el odio de clase.

A mis camaradas y compañeros de lucha

a los de antes, ahora y siempre.

A los que cayeron de pie

y me enseñaron a no vivir de rodillas.

A Bertol Bretch

porque su poesía

paraliza mi retirada.

A los que viven la vida

con tal intensidad

que son capaces de vivir

con y para los demás.

A mis amigos que saben

que lo que yo tengo es suyo.

A Laia, Ana, Marian y Conchi

compañeras de profunda huella,

que junto con otras habitan

en mi corazón.

Gracias, a mi vida,

por no negarme el placer,

de estar con ella.

Madrugada del 26 de agosto de 1983

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