Quizás hay dos amores,
uno, que se ve,
con los ojos cerrados,
que habita el mundo
del sueño, de la ilusión.
Y otro que se ve
con los ojos abiertos,
que habita el mundo de la luz,
de la pasion diaria por vivir,
mientras haya sol, luna y estrellas,
o solamente luz en las farolas.
O quizás
a pesar de haberlo visto,
de haberlo tocado,
no sea nada más
que un espejismo,
del que nos emperramos en beber,
los que necesitamos
la afirmación diaria
de que hay algo
que nos mueve, nos empuja
a ser “felices”;
ilusión y sueño al fin.
Madrugada del 3 de octubre de 1983
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