La caida

En casa de Manuel.

Unas cuantas vueltas a la manzana y calles de los lados para comprobar que no había nada sospechoso.

Llagamos a su puerta y otro problema ¿quien se lo dice? Finalmente soy yo.

Sale una hermana mayor que el.

Oye a tu hermano lo han cogido, ¿esta tu madre?.

Si esta ahí dentro ¿como ha sido?

Maite empieza a explicarle, la madre nos ve y se asusta ¿que ha pasado? Pregunta, Maite y yo se lo explicamos, mientras Carlos y otra hermana recogieron todo lo que había de libros, revistas, apuntes y material sospechoso, – y habían muchas cosa que podían ser sospechosas, casi cualquier cosa- total que al final –eso si en un momento- pusimos patas arriba toda la casa, diciendo a la familia que si venia la Guardia Civil dijesen que no sabían nada y que no bajaran del burro por nada, que cualquier cosa que dijeran la utilizarían en contra de Manuel.

Hicimos “desaparecer” todo el material y nos dispersamos.

Me fui a casa y la limpie de arriba a abajo y lo saque con ayuda de un amigo en su coche.

Después de mirar por mi barrio y comprobar que no había ninguna cosa fuera de su sitio y asegurarme que no me seguían –cosa que hacia siempre- entre en casa tranquilice a mis padres, a los que ya había avisado y me puse a leer.

Antes de irme a casa había ido a mi cita de seguridad y había pasado toda la información que tenia y me dijeron que a partir de ese momento toda la militancia llevaría la actividad por medio de la cita de seguridad mientras durase la caída de Manuel.

Termine de leer y serian las doce de la noche, estaba yo sentado en el water cuando sonó el timbre de la puerta, parecía que tenían prisa ¡ya han soltado a Manuel¡ pensé, me subí los pantalones y fui rápido, pero a través del cristal de la puerta vi. dos figuras, abrí y …

Yo: ¿si?

Uno de ellos: Guardia Civil ¿Francisco Martínez?

Yo: Si

Años después he tenido la oportunidad de sentir sensaciones fuertes y únicas, han sido segundos que se adentraban en el espacio. Mi primer salto en paracaídas, ir a doscientos por hora en moto, observar el mundo desde casi cuatro mil metros en los Alpes.

Pero el espacio de tiempo que duro aquel “si”, digamos un segundo, se adentro en el tiempo haciéndose indefinido, hasta tal punto que todavía una parte de mi que vive en aquel segundo, fundidos para siempre.

Es algo así como el acto de morir o de nacer, no hay marcha atrás.

Fue en el invierno del 75 creo no equivocarme si digo que era martes y aproximadamente las ocho y media de la tarde.

Yo venia de una reunión y por la calle me encuentro a Maite y Carlos, estaban asustados – a pesar que estas cosas siempre se tratan de ocultar, porque en la clandestinidad de cara a fuera todo debe ser normal, la anormalidad se paga cara, es un lujo-.

¡Oye han cogido a Manuel¡ me dicen ellos.

¿que dices?, ¿cuando?, ¿donde?, ¿como ha sido?, rápido contar.

Maite: hace un rato sobre las ocho cuando salíamos de la asamblea que había en la iglesia le han seguido unos polis – ¿eran secretas? Pregunte yo- si eran secretas, lo han cogido antes de llegar al puente de las monjas, eran tres a pie y uno en coche, lo han metido en el coche, se han ido y ahora estábamos buscándote y si no te encontrábamos nos íbamos a la cita de seguridad.

Yo: bueno, vale, ¿habéis limpiado su casa?

Carlos: no todavía no.

Yo: pues vamos.

A todo esto, el que había cambiado de cara era yo, cuando te dicen algo así se te hunde el mundo, si no hubiera conocido ya el terror hubiera sido una inmejorable ocasión.

Pero no había tiempo que perder, por suerte la sangre se me helo y el cerebro a mil por hora pensando en poner en marcha la seguridad del partido, había que atar todos los cabos, había que cortar cualquier hilo que pudiese servir a la policía, cualquiera prueba o dato debía desaparecer.

Yo: lo primero ha hacer es limpiar su casa y después cada uno a la suya, hay que avisar a todo el mundo y que cada cual adopte sus medidas de seguridad y que después nadie se olvide de su cita de seguridad, y recordad que el que no se presente en media hora se le da por caído.

Yo: ¿sabéis si llevaba “algo” encima?

Maite: no lo se.

Carlos: no, no se nada.

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